martes, 2 de diciembre de 2008

La carretera de la muerte



La carretera de la muerte es el camino que une La Paz con la región tropical de Los Yungas. En sus poco más de noventa kilómetros, experimentas un descenso de 5000 a 1900 metros de altura.Durante el camino rara vez supera los seis metros de ancho.
Todo ello entre una niebla espesísima que parece salida de las novelas de Poe o Conan Doyle, desprendimientos de piedras y precipicios enormes que te vomitan hacia un fondo tropical. Cada año había cerca de un centenar de muertos, principalmente conductores de camiones que transitaban por esta carretera.

Hoy hay una ruta alternativa y ligeramnete, sólo ligeramente más cómoda, pero muchos boplivianos siguen utilizando la antigüa ruta dejándose su existencia en el camino. Un par de agencias de viaje te ofrecen la posibilidad de hacer el descenso en bicicleta. Y ahí vamos, mis compis de piso y unos amigos. una expedición francoespañola de ocho personas que a las siete de la mañana iniciamos el descenso en Villafátima con un ligero temblor de piernas. La primera fase asfaltada es impresionante , pasas como un cohete entre las faldas dela Cordillera Real. Los pastores con sus llamas te miran alucinados y sólo puedes mirar de reojo el imponente espectáculo porque las curvas son tan cerradas que en el más mínimo descuido pasas al " lo contabas" y no es broma , más de una decena de turistas mueren cada año aquí.

Pero cuando parece que no puede haber nada peor, llegas al camino de tierra,las formas conspiran contra tí. El precipicio se agranda y el camino se estrecha en un serpentear puñetero. Al medio kilómetro ya tenemos dos bajas por caida que se suben a la camioneta. Cuando llevamos la mitad y estoy preocupado en pegarme lo máximo posible a la pared, se sale la cadena de mi bicicleta y me veo rodeado de piedras. (rotura de la cabeza del radio y un mes de yeso con el que estoy escribindo ahora).

Tras más de seis horas de camino Coroico nos saluda entre montañas y plantaciones de coca. Y la piscina nos espera. Los que han llegado sanos sonrien aliviados.
En cuanto a tí carretera de la muerte , tu y yo tenemos otra cita en cuanto me quiten el yeso. Ya veremos quien rie el último.
To be continued .....




jueves, 27 de noviembre de 2008

Un derby en las alturas


“Quejarse de que el fútbol sea aburrido es como quejarse de que Rey Lear tenga un final tan triste: es no haber entendido nada el fútbol es un universo alternativo, tan serio y tan estresante como el trabajo, con las mismas preocupaciones, esperanzas y desilusiones. Yo voy al fútbol por muchas razones, pero no voy buscando entretenimiento”.

Nik Hornby (Fiebre en las gradas)

Si, aquí también hay fútbol y si tenemos que vivir en La Paz un año e identificarte con la ciudad. Nada de hacerte amigo de las cholitas de los mercados, escuchar conciertos, leer sobre la situación política hasta que los periódicos te salgan por las orejas o tener tres hijos ilegítimos en sendas noches locas del Malegría. Para sentirte identificado en esta ciudad y mezclado con la tribu aquí comoen cualquier sitio hay que ir al fútbol y escoger tu propio equipo. Y La Paz tiene dos, rivales antagónicos y enfrentados desde hace casi un siglo; el Bolivar y el Strongest FC.

El primero es el equipo que más títulos ha ganado al o largo de la historia, el equipo de la mitad más uno del país , de los jailones , el Real Madrid de Bolivia. El Strongest o el Tigre es el equipo del pueblo, el más popular... Como para sufir ya está la vida y no el fútbol y no voy a anadar haciéndome de esta especie de Atlético boliviano a estas alturas escojo inmediatamente al Bolivar, Ana hace lo propio con el Strongest y .... esa seman hay derby.

Un partido de fútbol en Bolivia como cualquier cosa es un espectáculo, un derroche de colorido y anecdotas. Cada hinchada escoje su fondo y comienzas los cánticos. Las camisetas de los equipos aquí parecen diseñadas por ti cuando tienes ocho años y montas el equipo con tus amigos, colores chillones, animales rugiendo en los escudos... el estadio se inunda con un olor penetrante a salchipapas y a esas bolas de helado que no te atreves a probar por miedo a no salir del WC en una semana.
Comienza el partido y ohhh, la calidad del juego es un horror, equivalente a la segunda división española, pelotazos , patadas. Pero hay numerosas tanganas y el ambiente en las gradas es magnífico. Rápidamente el Bolivar marca el primer gol y mediada la seguda parte hace el 2-0 , está claro que he elegido bien. A falta de viente minutos para el final estalla el diluvio y contemplamos el resto del partido empapados. 2-1 final, victoria en el derby Arne y yo chinchamos a Ana. Todo un año por delante con un aliciente más

Después de todo extrayendo también otra frase de Nik Hornby

" Realmente sólo temo a la idea de morir en mitad de la temporada"

martes, 11 de noviembre de 2008

De cementerios y ñatitas


Llega el día de todos los Santos. Hasta aquí han penetrado las costumbres americanas y por supuesto hay noche de Halloween con críos gritones y pedigüeños pertrechados con tridentes, gorros de bruja y máscaras de Scream. Pero si quieres una ración de pelos de punta, emoción y miedo de verdad , acompañados de tradición y sabiduría milenarias puedes pasar tranquilamente de estas gringadas prefabricadas Made in Hollywood. Basta con acercarse a cualquiera de los cementerios públicos de La Paz o El Alto.




Tras más de ocho años sin pisar un cementerio español, de repente durante dos fines de semana de Noviembre éstos adquieren un atractivo insospechado. El parque idílico donde pasear la resaca los Domingos. Primera ración, día de Todos los Santos, cementerio de El Alto. Una multitud se agolpa entre las lápidas, comiendo, bebiendo y celebrando el recuerdo de sus seres queridos. Mausoleos de figuras de pan conmemorativas llamadas antawawas, bandas de morenada y cumbia tocando desenfrenadas en honor al difunto que adoraba esa música. Niños cargados de sacos rezan oraciones a los muertos a cambio de trozos de pan y de vino. Las cholitas orinan disimuladamente al lado de las tumbas. Todo es fiesta y celebración. Una romería en el cementerio. Hay que ayudar al muerto durante los tres primeros años a alcanzar el Illimani , el monte sagrado y a volver cada año para que su espíritu pueda seguir ayudando a la familia. Después podrá descansar en paz.



Segundo capítulo. Sábado siguiente, el día de las "ñatitas". Intrigados e incrédulos ante lo que nos contaban acudimos al cementerio Municipal de La Paz. Y en efecto ahí están cientos de paceños con sus "ñatitas" o cráneos humanos de sus seres queridos y desenterrados a los pocos meses de su muerte. Los corredores del cementerio se convierten en un desfile macabro e irreal de calaveras ante las que los aimaras se inclinan para cubrir de flores y oraciones. Ataviadas de gorros andinos, gafas de sol y con hasta cuatro cigarros encendidos y prendidos de las desdentadas mandíbulas, las siniestras calaveras conviven con sus familiares. Y de repente te enteras asombrado que al reluciente cráneo al que estás rezando se llamaba en realidad Victoriana y que le encantaba bailar morenada, y también los cigarrillos Derby oiga. ¿No tendría el gringuito un cigarrillo para Victoriana? E incrédulo te ves encendiendo un Derby y plantándoselo en los morros a la calavera. Más tarde hablas con un paceño que preside orgulloso tres ñatitas cubiertas de flores, dos de ellas diminutas. Son sus hijas muertas a 3 y 18 meses respectivamente. La tercera pertenece a un joven estudiante y la ha adquirido en el mercado negro. Debe servir mediante oraciones a su propio hijo para terminar la carrera. Quinientos años de catolicismo no han servido para borrar las costumbres indígenas sino para fundirlas en un sincretismo espectacular. ¿Qué está bien, qué está mal? ¿Qué es barbarie? Nuestros ceremonias católicas , santuarios de la pena. ¿O el niño de la foto que descansa placidamente junto a la calavera de su abuela carcomida por el tiempo?. Ni idea.



La marcha y Macondo



Llevamos casi mes en La Paz y este país no deja de sorprendernos. La situación política es apasionante. El 21 de Octubre, es el día señalado para intentar llegar a un acuerdo sobre la nueva Constitución que promueve el gobierno de Evo Morales. Mientras los diputados discuten en el Congreso, una marcha de más de treintamil mineros, sindicalistas , campesinos y cocaleros cercan el edificio y anuncian que no se marcharán ni dejarán salir a los diputados hasta que haya un acuerdo sobre la Ley.

En medio de un enjambre de whipalas (bandera indígena) que se dirige entre cánticos furiosos la Pérez arriba para tomar la plaza Murillo puedes respirar el espíritu de todo un continente. Más de quinientos años de lucha y sufrimiento, bailes y tamboradas, cholitas que mascan hojas de coca y se preparan impasibles para pasar la noche entera frente al parlamento, ponchos rojos desfilando como fogonazos en la noche paceña. Recuerdas a Cortazar, a Fidel , a los desaparecidos de la plaza de Mayo, a Borges y Maradona , a Aureliano Buendía mirando el pelotón de fusilamiento. Te sientes privilegiado, orgulloso y sumergido en la magia de América Latina. A medianoche el propio Evo Morales sale a la plaza a bailar acompañado de sus cholitas y ministros. Hay acuerdo para la nueva Constitución. La multitud celebra alborozada, y Ana baila con un tipo disfrazado de cóndor. Macondo nunca duerme.

LA Paz



El lugar que me acogerá los próximos doce meses. Suena bien, La Paz, nombre femenino, como una promesa de sosiego, aunque espero que represente todo lo contrario a lo que sugiere. Veinticuatro horas tras iniciar el viaje desde Sevilla, una pérdida incomprensible de tren por dormirme en Santa Justa, gigantesco ataque de pánico, tres horas del siguiente Ave cogido inextremis maldiciendo mi suerte , mil juramentos descreídos de que es la última vez que me pasa, remake esperpéntico de Jakie Brown en Barajas, carreras desesperadas, el alivio de un uniforme azul y la sonrisa dentrífica de la azafata de Aerosur que me indica el asiento. Doce horas de vuelo sedante sobre el Atlántico, escala en Santa Cruz, planeo nocturno sobre los Andes, aterrizaje. Descarga eléctrica al descubrir que he perdido el equipaje completo. Incredulidad y doscientas mil maldiciones más. Derrota, resignación y montañas de neón azul y amarillo que veo pasar con indiferencia mientras me conducen al hotel. La mañana siguiente me despierta con la noticia de que han llegado mis maletas y acompañado por Ana subo en taxi al aeropuerto del Alto. 24 horas después contemplo boquiabierto el lugar que me acogerá los próximos doce meses. La Paz se muestra cegadora y deslumbrante bajo un sol irreal.


El espectáculo impresiona, una gigantesca caldera, de roca parduzca, jalonada de volcanes nevados. Rápidamente aprendo los nombres; Illimani, Condoriri y Huayna Potosí, tres centinelas de imponentes cabezas canosas que vigilan la ciudad. El espectáculo continúa según bajas la vista. Laderas y laderas de casas de ladrillo y adobe desafían la lógica, pareciendo que van a desplomarse al vacío en cualquier momento. Esta desordenada ola de casitas desciende suavemente hasta el fondo de La Paz donde se interrumpe bruscamente por los rascacielos de Sopocachi. Allí el espectáculo resulta más desconcertante, como un Manhattan trasplantado al corazón de los Andes rodeado de fabelas miserables repletas de pintadas políticas. Suena bien La Paz, se ve bien La Paz, me gusta La Paz.